Revisar el Journal of Endodontics cada año se ha convertido en uno de mis rituales profesionales favoritos. No solo para mantenerme actualizada, sino para entender hacia dónde se está moviendo realmente la evidencia. Más allá de modas o dispositivos nuevos, lo que busco es algo más simple: qué vale la pena integrar al sillón dental.
2025 no fue un año de revoluciones, pero sí de algo que considero más valioso: consolidación clínica.
Más ciencia traslacional, menos laboratorio aislado
Desde principios de año se reforzó un mensaje importante: necesitamos cerrar la brecha entre lo que funciona en laboratorio y lo que realmente impacta al paciente. Esto fue especialmente claro en biomateriales y protocolos de irrigación. Cada vez hay más presión por demostrar resultados clínicos reales, no solo in vitro.
Dolor postoperatorio: seguimos sin atajos
Los estudios sobre dolor postoperatorio reforzaron algo que vemos todos los días en consulta: la biología pesa más que la técnica. Casos con pulpitis irreversible sintomática siguen teniendo mayor riesgo de dolor, independientemente del sistema de instrumentación.
La lección es simple: no todo es tecnología, muchas veces es diagnóstico.
Instrumentación: el fin del “mejor sistema”
La literatura se aleja cada vez más de la idea de que existe un sistema superior universal. La conversación ahora gira en torno a indicaciones. Rotatorio, reciprocante… todo depende de la anatomía.
Personalmente, me gusta esta evolución: menos marketing, más criterio clínico.
Irrigación: aquí sigue estando el verdadero juego
Los trabajos sobre activación de irrigantes fueron consistentes: los protocolos combinados funcionan mejor. Especialmente cuando se integran activación ultrasónica y control térmico del hipoclorito.
Si algo deja claro 2025 es que la desinfección sigue siendo el corazón del tratamiento endodóntico.
Selladores: biocerámicos se consolidan, sin fanatismos
Los ensayos clínicos comparando selladores biocerámicos y resinosos mostraron algo interesante: ambos funcionan bien en la mayoría de los escenarios.
Sin embargo, los biocerámicos parecen ofrecer ventajas en situaciones biológicas más demandantes, como ápices abiertos o exudado persistente.
Más que reemplazo, estamos viendo expansión de indicaciones.
CBCT: uso más inteligente, no más frecuente
Algo que celebro especialmente: el enfoque más crítico hacia la imagenología 3D. La tendencia ya no es usar CBCT por default, sino usarlo mejor. Anatomías complejas, sospecha de fractura o reabsorciones siguen siendo sus indicaciones más sólidas.
Menos sobreindicación, más criterio.
Endodoncia regenerativa: resultados más maduros
Las revisiones sistemáticas con seguimientos largos fortalecen la evidencia en dientes inmaduros con necrosis pulpar. Las tasas de éxito son alentadoras cuando la desinfección está bien controlada.
Aún faltan protocolos más estandarizados, pero ya no es una promesa: es una realidad clínica en evolución.
Microbiología: el enemigo sigue siendo el biofilm
Los estudios microbiológicos reafirmaron algo que no cambia: la desinfección manda. La combinación NaOCl + EDTA sigue siendo el estándar, aunque empiezan a aparecer alternativas menos citotóxicas que vale la pena seguir de cerca.
Restauración postendodóntica: preservar estructura importa más que el material
Uno de los hallazgos más consistentes del año: la cantidad de dentina remanente influye más en la supervivencia dental que el material restaurador en sí.
Esto refuerza la importancia de una instrumentación conservadora desde el inicio.
Factores sistémicos: la endodoncia no vive aislada
Los estudios multicéntricos volvieron a poner sobre la mesa algo que a veces olvidamos: el éxito endodóntico también es sistémico. Diabetes mal controlada, enfermedad periodontal avanzada y restauraciones deficientes siguen siendo predictores fuertes de fracaso.
Lo que viene: digitalización con cabeza fría
Los artículos de cierre del año miraron hacia el futuro: inteligencia artificial en diagnóstico radiográfico, biomateriales bioactivos y protocolos más personalizados.
Mi lectura es clara: la próxima década no estará marcada por gadgets milagro, sino por decisiones clínicas más personalizadas.
Mi lectura personal de 2025
Si tuviera que resumir el año en una idea, sería esta:
La endodoncia no avanzó con fuegos artificiales, avanzó con profundidad.
Cada vez tenemos menos dogmas y más matices. Menos soluciones universales y más indicaciones específicas.
Y eso, al menos para mí, es una buena noticia.
Porque la verdadera evolución de nuestra especialidad no ocurre cuando aparece una herramienta nueva, sino cuando entendemos mejor cuándo usar lo que ya tenemos.
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