Durante años, al enfrentar un caso con signos de pulpitis irreversible, muchos de nosotros optamos casi automáticamente por la pulpectomía o el tratamiento endodóntico convencional. Sin embargo, desde que revisé a profundidad la posición de la Asociación Americana de Endodoncia (AAE) sobre la Terapia Pulpar Vital (TPV), mi mirada sobre estas decisiones clínicas ha cambiado.
Hoy quiero compartir con ustedes mis comentarios sobre la postura de la AAE sobre la TPV y por qué considero que merece un lugar más protagónico en nuestra práctica diaria, incluso en dientes que históricamente habríamos descartado como viables.
¿En qué consiste la TPV hoy?
La Terapia Pulpar Vital ha evolucionado más allá del ámbito de dientes inmaduros. Ya no se trata solamente de preservar la pulpa para permitir la formación radicular, sino de considerar opciones conservadoras y biológicamente racionales incluso en dientes maduros, con pulpas que muestran síntomas típicos de inflamación irreversible.
Esta terapia, que incluye procedimientos como recubrimientos pulpares directos, pulpotomías parciales y totales, se propone como una alternativa clínicamente válida y respaldada por evidencia para muchos casos donde antes solo veíamos indicación de tratamiento de conductos.
El diagnóstico es clave para el éxito
La AAE recuerda que el diagnóstico pulpar se basa en pruebas de sensibilidad (como frío y EPT), dolor referido y síntomas clínicos, pero también señala que esas pruebas no determinan vitalidad real, solo sensibilidad.
La falta de correlación entre hallazgos clínicos e histopatológicos ha sido una limitación reconocida y ahora se propone una visión más matizada del diagnóstico, con grados de pulpitis (inicial, leve, moderada, severa) en lugar de una división tajante entre “reversible” o “irreversible”.
Y lo más interesante, la evidencia sugiere que incluso pulpas con síntomas de inflamación irreversible (tradicionalmente descartadas para TPV) podrían responder positivamente si el tejido remanente es viable. La visualización directa del tejido pulpar, idealmente bajo magnificación, se vuelve esencial para tomar esta decisión.
Hipoclorito de sodio para más que irrigación
El uso de hipoclorito de sodio no se limita al tratamiento de conductos. En TPV, su aplicación sobre el sitio de exposición permite controlar el sangrado, desinfectar la interfase dentina-pulpa, eliminar coágulos o biofilm, y facilitar la evaluación del tejido remanente. Ya sea mediante irrigación pasiva o con un algodón empapado, su uso durante 5 a 10 minutos es seguro y clínicamente beneficioso. La literatura de la AAE muestra que no interfiere con la integridad pulpar ni con la formación de tejido mineralizado.
Los materiales recientes son de gran ayuda
La llegada de los cementos de silicato de calcio (CSC), como los biocerámicos más modernos, ha transformado la TPV. Estos materiales no solo son biocompatibles, sino que poseen propiedades bioactivas, capacidad de sellado, modulan la respuesta inflamatoria y favorecen la formación de barreras mineralizadas de calidad superior.
Las tasas de éxito reportadas para TPV en dientes permanentes, incluso con síntomas de pulpitis irreversible, oscilan entre 85% y 100% en seguimientos de 1 a 2 años. En contraste, materiales como el hidróxido de calcio o los ionómeros de vidrio presentan menores tasas de éxito. Además, los nuevos CSC reducen los tiempos de fraguado y la decoloración dental, resolviendo algunas de las limitaciones que teníamos con generaciones anteriores.
Una restauración inmediata y duradera debe ser parte fundamental del protocolo. No solo protege el biomaterial, sino que reduce el riesgo de microfiltración, sensibilidad postoperatoria y facilita una futura restauración cuspal si fuese necesaria. Estudios longitudinales muestran que retrasar esta restauración puede comprometer el éxito a largo plazo del tratamiento pulpar.
Comentarios finales
El objetivo de la TPV es claro, crear condiciones óptimas para la reparación y preservación del tejido pulpar. Nuestras decisiones clínicas deben considerar no solo el diagnóstico inicial, sino la observación directa del tejido, el control del sangrado, la selección de materiales adecuados y la restauración inmediata. A la luz de la evidencia actual, muchos casos que antes se trataban de forma radical hoy podrían abordarse con una estrategia más conservadora y biológicamente respetuosa.
Como especialista, veo en la TPV una oportunidad para replantearnos el enfoque tradicional. Por supuesto, se requiere criterio, experiencia clínica y un conocimiento profundo de los materiales y protocolos. Pero la recompensa, salvar una pulpa viva, bien lo vale.
Referencia:
American Association of Endodontists. AAE Position statement on vital Pulp Therapy. Consultado en julio del 2025. Disponible en: https://www.aae.org/wp-content/uploads/2021/05/VitalPulpTherapyPositionStatement_v2.pdf
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